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Esculpiendo emociones

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“Llegué a la cerámica (el barro) porque no solo es un material que reúne los cuatro elementos (fuego, tierra, agua, aire), sino que es un material que sufre una serie de transformaciones extraordinarias, por la acción del agua y el fuego”, fueron algunas de las palabras de nuestra musa del mes, la escultora Guadalupe Castro, quien a través de este arte manifiesta los sentimientos y emociones universales que la inspiran. ¡Conócela!

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Entrevista: Marlene Salmón

Fotografía: David Lack

Maquillaje y Cabello: Leti Madera    Styling: Mariana Sandoval

Joyería de diseñadores mexicanos para Brillos del Desierto.

Locación: Hotel Galicia

Dirección: Ángel Zermeño Quintero

Para los que no te conocen, ¿cómo te describirías?, ¿quién es Guadalupe?

Soy una mujer sencilla, con un camino espiritual sólido, en un proceso de transformación constante. Soy madre de dos que amo. Soy ceramista, el barro es mi elemento, escultora y artesana. Me gusta aprender cosas nuevas, estudiarlas, investigarlas, transformarlas e incorporarlas a mi vida y mis prácticas cotidianas. Agradecida con todos los maestros que han aparecido y aparecen constantemente en mi vida. Enamorada de la naturaleza, aprendí a ver la belleza del desierto.

Platícanos un poco de tu vida ante de llegar a México, ¿a qué te dedicabas?

Nací en la provincia de Mendoza, Argentina, estudié en la Universidad Nacional de Cuyo, en la Facultad de Artes y Diseño y elegí la especialidad en Cerámica Artística. Mientras estudiaba, paralelamente comencé cursos de capacitación en artes y oficios, en talleres particulares e institutos de capacitación laboral, entre los que me formé en carpintería metálica y herrería artística, vitreaux, vitrofusión, restauración de muebles, entre otros, con el fin de poder trabajar para solventar mis estudios.

¿Cómo descubriste que querías ser escultora?

Mi vida siempre estuvo marcada por la presencia del arte y la literatura; bailé durante mucho tiempo en un ballet. Mis padres siempre nos inculcaron el gusto por la lectura y la apreciación del arte a mis hermanos y a mí. La madre de una compañera de ballet era escultora: la gran Eliana Molinelli, una escultora realmente extraordinaria. Una tarde me invitó a conocer el taller de su madre, y cuando entré, empecé a ver esos seres de metal que parecían estarme hablando, colgaban de todas las paredes: brazos, torsos, cabezas de metal martillado, parados en cada rincón, unos a medio hacer, otros ya completos, máquinas por todos lados, láminas de metal enormes apiladas como papel bond, y ella absorta en este proceso creativo, diseñando su propio mundo. Ese día tuve la certeza de lo que quería hacer el resto de mi vida. todavía no había terminado la secundaria, pero ese momento marcó mi destino.

¿Qué fue lo que te llamó la atención de la escultura?

Elegí la escultura como medio de expresión porque desde niña, con el tiempo se ha incrementando, he sentido una fuerte atracción por los procesos de transformación tangibles e intangibles. Cuando era niña o adolescente, no entendía este fenómeno de la transformación, simplemente lo experimentaba, lo sentía como un acontecimiento externo que me afectaba internamente. Con el tiempo empecé a observar que mi fascinación por la escultura es el fenómeno de interacción entre el espacio y la forma. Cómo el volumen transforma el espacio que la circunda.

¿Qué técnica utilizas y por qué?

Por esta fascinación de los procesos de transformación, llegué a la cerámica (el barro); no sólo es un material que reúne los cuatro elementos, es un material que sufre una serie de transformaciones extraordinarias por la acción del agua y fuego. Como dice Herbert Read: “La cerámica entre todas las artes es la que mejor reúne tierra y espíritu en una unidad indestructible”. Utilizo la técnica de la escultura cerámica, ya hablando más técnicamente, es un material complejo que dadas sus características físico-químicas, requiere de estudios y procesos de investigación que nunca acaban. Por dar un ejemplo, para lograr un acabado de esmalte cerámico para una escultura con una técnica japonesa específica, tardé aproximadamente un año en lograr la fórmula química. Una vez logrado esto, no me quedo solo con esta fórmula porque cada obra pide su propia superficie y acabado. Lo mismo pasa con el tipo de cocción a la que la someto. Por esta razón es que, en la construcción de la escultura cerámica, la inspiración y la investigación física-química del material van de la mano. Dedico una gran parte de mi tiempo a estudiar, analizar y probar materiales, la elección de la cerámica como material está ligado también a mi compromiso con el medio ambiente. Ya estoy descartando material que no lo sean.

¿Dónde encuentras tu mayor fuente de inspiración?

Mi mayor fuente de inspiración es el mundo interno de las personas, emociones y sentimientos condicionados por su cultura, sus creencias, su historia y, sobre todo, cómo percibe cada ser humano la realidad a través de sus pensamientos. Me gusta enfocarme en el resultado final de esa transformación y cómo una emoción dominante pasa de ser algo intangible a algo corpóreo, cómo el cuerpo habla por sí mismo y manifiesta el mundo interno.

¿Cómo empieza tu proceso creativo?

Mi proceso creativo empieza cuando aquieto mi mente, cuando dejo que las imágenes surjan sin juzgarlas. Trato de que la idea emerja lo más pura posible. No me considero una persona interesante, por lo cual mi obra no es autobiográfica, trato de plasmar emociones y sentimientos universales, cómo se transforman en la mente y cómo se materializan en un rostro o un cuerpo. Me gusta mucho el color en la escultura, trato de intensificar el mensaje por medio del color, en el proceso creativo trabajo al mismo tiempo la forma y el color.

¿Cuál es tu pieza favorita y qué significa?

Mi pieza favorita es Amor Amarillo, le puse así por el tema de Gustavo Cerati, lo que quiero representar en esta obra es que a pesar de las circunstancias que nos tocan vivir, tenemos el potencial del amor infinito dentro nuestro.

¿Cuál ha sido tu mayor logro como escultora?

Mi mayor logro es haber realizado una exposición individual en el Festival Cultural Zacatecas Ramón López Velarde, ya que esa exposición fue la que me abrió las puertas a otros museos.

¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado durante tu carrera?

El mayor desafío lo enfrento día a día, mantenerse en este oficio, seguir produciendo, manteniendo un taller, siendo mujer y escultora con todo lo que eso implica, ser maestra, ser madre, ser solvente, intentar llevar tu vida espiritual a cada área de tu vida para poder tener una vida equilibrada, es verdaderamente mi reto más grande.

¿Quiénes son tus artistas favoritos y con quién te gustaría colaborar?

Javier Marín es mi hit; se me hace extraordinario. Beth Cavener Stichter, Tip Toland, Julio Galán, Rodolfo Nieto, Carlos Alonso y Juana Gómez de Amatenango Del Valle, Chiapas, me encantaría trabajar con ella, soy admiradora de su trabajo. Entre muchos otros artistas a los que admiro profundamente.

También eres profesora en la IBERO, ¿cómo es la experiencia de ser maestra?, ¿qué es lo que más disfrutas de ello?

Como leí una vez, “cuando uno enseña, dos aprenden”. Mi motivación en educación está directamente relacionada con mi responsabilidad en el cuidado del medio ambiente. Los productos utilitarios de cerámica tienen una vida útil muy larga, al ser un material amigable con el medio ambiente, está intentando desplazar a los productos plásticos, ya que año con algo nos estamos ahogando en toneladas de basura. Las jóvenes responden de una manera muy positiva, se involucran con el material y le dan una oportunidad a la cerámica para que no muera. Los alumnos me dan a mí más que yo a ellos, ya que ellos materializan mis deseos de hacer crecer la producción de cerámica y así tener un planeta más limpio. Y por otro lado me devuelven mucha de la juventud que uno creía ya perdida.

Finalmente, ¿qué mensaje le darías a nuestras lectoras?

Las animaría a que se descubran, a que crean en ellas, que vean cuál es su potencial y lo hagan estallar. Le diría a cada mujer que son inspiración de otra mujeres, de sus hijas, de sus amigas, de sus alumnas, de sus vecinas. Que tengamos todas la humildad y la sabiduría de seguir aprendiendo. Yo soy Ceramista, ¿y tú?

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