INSTAGRAM… ¿Tu peor enemigo?

Por Marlene Salmón

Si no te habías dado cuenta ya, Instagram es oficialmente la peor aplicación para tu salud mental.

De acuerdo con un estudio realizado por la Royal Society for Public Health (RSPH) del Reino Unido, Instagram es la aplicación que más daño les hace a los jóvenes, especialmente a las mujeres adolescentes. El estudio llamado #StatusOfMind, se llevó a cabo a través de entrevistas a casi 1,500 personas de entre 14 y 23 años sobre cómo Instagram, Snapchat, Facebook, Twitter y YouTube influyen en su salud mental. Sin duda no fue sorpresa saber que los resultados revelaran que en efecto, Instagram es la aplicación que más está haciendo sufrir a los jóvenes.

La famosa aplicación presentó altas incidencias de ‘miedo a perderse de algo’ al comparar sus vidas con las de sus seguidores, y sensaciones de ‘comparación y desesperación’ al comparar su propia apariencia con la de modelos y actrices que muchas veces publican imágenes retocadas o editadas.

Pero el disgusto no sólo aplica para los espectadores, sino también para los ahora llamados “influencers”, quienes se encargan de publicar su vida diariamente. La obsesión por la cantidad de likes que recibe una foto o la cantidad de seguidores es un fenómeno que, muchas instagramers famosas afirman, les genera profunda ansiedad, sentimientos de soledad, o hasta depresión. Y es que los populares “likes” son prácticamente un mensaje directo de que a la gente literalmente ‘le gusta’ lo que está viendo. Al recibir estos “mensajes de aprobación”, el cerebro del instagramer comienza a producir endorfinas (también conocidas como la hormona de la felicidad). ¿El problema?… Son altamente adictivas.

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Realmente no suena descabellado que las personas se vuelvan adictas a publicar en Instagram, si a cada foto que suben ésta recibe más de 100 “mensajes de aprobación” a través de likes. Y con estos 100 likes, comienza la producción de endorfinas. En otras palabras, publicar en Instagram puede tornarse una adicción, y como es bien sabido, ninguna adicción es buena. Te podrás preguntar, ¿qué tiene de malo el producir endorfinas? El problema no es que las produzcas, sino que éstas sean generadas por algo tan hueco como la cantidad de likes que tenga una foto. Después de que se acaba el boom de likes (o sea, la producción de esta hormona), llega el vacío manifestado en sentimientos de ansiedad o insatisfacción. Con este vacío llega la necesidad biológica de querer publicar otra vez y así hasta que se convierte en un círculo vicioso basado en buscar desesperadamente la aprobación de las personas.

Muchas influencers se han sincerado acerca de las redes sociales aclamando que lejos de generarles la “felicidad” que tanto aparentan en fotos, les ha generado depresión y profundos sentimientos de soledad. La famosa modelo australiana Essena O’Neill y la bloguera Aimee Song, se han manifestado en sus cuentas de YouTube acerca de lo inseguras que se sentían y lo solas que llegaron a estar debido a que se involucraron demasiado con sus cuentas de Instagram.

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Aunque esta aplicación ya forma parte de la vida cotidiana y del uso de más de 700 millones de personas, es importante mantener presente que el balance que se le dé, es en el nivel en el que va a afectar, y que la producción de endorfinas debería de estar basada en relaciones interpersonales o en experiencias que generen productividad cerebral.

La contraparte de todo esto es que las redes sociales sin duda se han convertido en la mejor herramienta comunicativa en la historia de la humanidad. Instagram puede ser un gran instrumento para explorar oportunidades ilimitadas, o hacer que tu voz sea escuchada, siempre y cuando sea utilizada balanceadamente.

 

Vídeo de Essena O’Neil.

Vídeo de Aimee Song.

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